viernes, 15 de mayo de 2015

equipo crónica en el bellas artes de bilbao

 hace una semana estuve en bilbao visitando la magnífica retrospectiva que el museo de bellas artes le dedica al equipo crónica, trío de artistas valencianos que se unieron en 1964 y que pasaron a duo dos años después cuando juan antonio toledo abandonó el grupo questionándose el trabajo del artista como parte de un colectivo, manolo valdés (que sigue demostrándo lo gran artista que es) y rafael solbes continuaron juntos hasta la muerte del segundo en 1981.
es una muestra muy completa, muy bien explicada y didáctica, presentada por series, como la recuperación, guernica 69 o la serie negra, con obras traidas de grandes colecciones y museos, una expo indispensable y un gran acierto del museo que espero recorra más ciudades. el único pero es ver que algunos cuadros están un poco estopeados. ya quedan muy pocos días pues cierra sus puertas este lunes 18 de mayo. para una información
mucho más detallada visitar la web del museo de Bellas Artes de Bilbao.enlace aquí

miércoles, 6 de mayo de 2015

los últimos veranos en prensa

 el comercio de la mano de ángel antonio rodríguez y la nueva españa de la mano de noelia hermida se hacen eco de la exposición en la galería Utopía Parkway de Madrid. se puede visitar hasta el 14 de mayo.

niño de elche y tres conciertos divertidos


  estos días he podido ver a tres grupos que me apetecia mucho y otro que ni esperaba, ni conocía.
 vamos por orden, javiera mena en el ocho y medio presentando nueva era, allá fui con muchas ganas aunque muy cansado pues llevaba un viaje y colgar toda una expo a la espalda, el concierto entretenido pero por debajo de mis expectativas, las cuatro bailarinas me sobraban, centrar todo su repertorio en su último disco tampoco ayudó, el cover del ritmo de la noche ya está bastante visto, por suerte cerró con el muy reivindicable yo no te pido la luna para salir con buen sabor de boca. estoy seguro que la volveré a ver y disfrutaré mucho más. es lo que tiene ser fan.
  ellos en la obbio de sevilla presentando pop cabrón con bajo y bateria, les había visto en gijón justo cuando sacaron el single de lengua viperina y me lo había pasado fenomenal, aquí empezaron con mucha fuerza aunque guille no estaba tan fino como otras veces y se perdió en un par de canciones, sonaron temazos nuevos como: aunque te rías de mi, o tú o él o yo, nuevo imperio, pero se dejaron lengua viperina, muy solicitada por alguien del público a lo que guille respondía con mucha gracia: la tuya, querida, una hora entretenida y descacharrante, con hits de todos sus discos, para mi pena un poco corto pero muy disfrutable, otro momentazo fue cuando reconoció que se había dejado los pantalones blancos para el show y que los que llevaba eran del batería, que él nunca se pondría algo así. muy grande!! 
 al día siguiente turno de un doblete muy curioso, joe crepúsculo en el funclub de sevilla, dentro de un mini festival llamado maremoto, sobre las 21:30, muy puntual empezaba un show de temazo tras temazo, a mi se me pasó como un suspiro, sólo falto la verdad, el tema que canta con la prohibida, pero sonaron mi fábrica de baile, la canción de tu vida, tus cosas buenas, leyenda e incluso un tema casi jevi llamado corazón de colmillo de su nuevo disco, nuevos misterios. si hasta dijo vamooos seeevillaaaa!! momentazo de la vida!
y para finalizar por todo lo alto el niño de elche que actuaba en el teatro de la alameda, a unos 300 metros de la funclub, presentado voces del extremo como remate del 17 festival internacional zemos98, este es el concierto que más me gustó, un flamenco muy particular, totalmente crítico con el momento actual, empezó acompañado de gente de pony bravo tocando estrategias de distracción con imágenes de sálvame en una pantalla, mira la pantoja y a los pieles rojas...decía muy acertado. tuvo momentos íntimos, simpáticos, expansivos, magnéticos... con la voz hace lo que le quiere, una maravilla, después del concierto no me podía quitar de la cabeza eso de era taaan comunista... un descubrimiento para seguir muy de cerca.

martes, 14 de abril de 2015

texto de Angel Antonio Rodríguez para Los últimos veranos

Aquí va el gran texto de Ángel Antonio Rodríguez para la exposición en la galería Utopía Parkway: Otros guiones posibles

Hablaba hace tres años mi buen amigo Juan Manuel Bonet de la pintura que aún es capaz de fijar su mirada sobre el barrio, la casa de ayer y de hoy, la poesía o la nostalgia. «Pintura ya honda, esencial, luz en la sombra», escribía. «Dibujo nervioso deshaciéndose en el aire, aproximaciones a la tierra natal, casas solitarias, aldeas, pueblos…unas farolas en lo oscuro… ». Sirva la pasión de sus hermosas palabras, que plasmó en el catálogo de una exposición del asturiano Miguel Galano en Utopia Parkway, para mi presentación en esta galería de otro asturiano más joven pero igualmente intenso, Federico González Granell (Cangas del Narcea, Asturias, 1974), que ahora inaugura en la sala madrileña. Su obra respira la misma esencia que definían aquellos prosa-versos bonetianos. No tanto por su similitud formal con Galano, sino por su paralelismo ético, porque Granell hace mucho que ha sabido patentar su capacidad para revisar y meditar desde el pasado, reinterpretándolo con ópticas contemporáneas a través de la pintura (y a veces, incluso, con esculturas o fotografías) para reflexionar sobre la representación del silencio, la metafísica inherente a nuestros pasos solitarios, lo cotidiano, experimentando siempre y logrando que la imagen se acomode al ojo, de manera lenta y pausada.

El espíritu de Granell emerge en estas delicadísimas pinturas como el maestro de ceremonias de un tiempo detenido, plasmado en ese personaje situado de espaldas al espectador como un autorretrato breve o, quizás, un chamán que escudriña el aire tras el objetivo invisible de composiciones tan hermosas como esa pequeña tabla dedicada a San Juan de Nieva, en el pequeño puerto de la Ría de Avilés, cuyo faro se nos anticipa de norte a sur levitando sobre un fondo inquietante, de chimeneas vaporosas, extrayendo belleza entre las grises penumbras anunciadas por sus fabriles fondos. Esta pequeña pieza, de foco circular, es una de las últimas que Granell ha realizado para su segunda exposición en Madrid, y también un hermoso resumen de su febril empeño creativo. La austeridad, la perspectiva, el correcto dibujo, la templanza expresiva, el espacio sublime y el ritmo de las horas. Ciudades, desamparos y vivencias donde el pintor evoluciona con absoluta coherencia, en un viaje que le viene ocupando activamente desde aquellos personajes solitarios de secuencias casi cinematográficas que ocuparon sus primeras exposiciones gijonesas, en la primera década del siglo XXI, para alcanzar después la experiencia del propio cuerpo en distintos soportes y huir en todo momento de cualquier anécdota fácil. Para generar, en fin, un sugerente compendio de atmósferas básicamente plásticas, sin detenerse en ninguna estación, en su firme camino hacia la madurez.

Hay que agradecer a Lola Crespo que mantenga ese ojo avizor hacia las nuevas miradas pictóricas, como la de Granell, cuyas pinturas excitan las retinas entre la huella y el paseo por localidades cercanas, paseando por Asturias de oriente hacia occidente, pisando arrabales desde Llanes a Ortiguera, de las faldas del Sueve hacia Villaviciosa, caminando en versión de ida y vuelta hacia el Cantábrico, o de Trubia a Salinas, o colándose en San Claudio clandestinamente para admirar las viejas lozas, imágenes que llevará consigo tras el regreso a casa. En el taller, este pintor viajero plantea guiones con nuevos fotogramas pintados, analepsis que alteran la secuencia cronológica de las cosas para evadirse a través de sus juegos formales, momentos inquietantes, pinturas narrativas pero abiertas a la imaginación de otros guiones posibles; de los nuestros. Pasiones, memorias de la infancia, siluetas sobre un espacio pictórico que activa el relato variando sus claves y componiendo una obra repleta de oficio, singular y no episódica, que merece la pena defender y es ciertamente grato contemplar.



miércoles, 8 de abril de 2015

los últimos veranos, utopía parkway, madrid

 este viernes 10 de abril inauguro la exposición Los últimos veranos en la galería Utopía Parkway de Madrid, el tema que trato en esta serie nueva es el abandono, desde casas de indianos asturianas que he ido visitando para documentarme hasta una fábrica de loza que en unos años acabará desapareciendo, lugures que aún mantienen dignidad a pesar del su estado semi ruinoso, se pueden ver hasta el 14 de mayo en la calle de la Reina, 11.
aquí va el enlace a la web de la galería para ver todas las obras: http://www.galeriautopiaparkway.com/artistas/federico-granell/federico-granell-exposicion-2015/

viernes, 20 de marzo de 2015

texto para el cuaderno de pájaros en la cabeza

 Aquí va el inquietante texto escrito ex profeso por Jose María Rodríguez-Vigil Reguera para el cuaderno que realiza la galería Dos Ajolotes por la exposición Pajaros en la Cabeza. La edición consta de 20 ejemplares personalizados con un dibujo alusivo a la idea general de la instalación expuesta. Mañana se termina la expo.
La introducción es un pasaje de la Biblia:
Salmos 102, 3-7
“[...] Porque mis días se han consumido como humo; y mis huesos cual tizón están quemados. Mi corazón está herido y seco como la hierba; por lo cual me olvido de comer mi pan. Por la voz de mi gemido mis huesos se han pegado a mi carne. Soy semejante al pelícano del desierto; soy como el búho de las soledades. Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado [...]”.
* * *
Las aves llamaron su atención desde su más temprana edad. Apenas gateaba cuando ya extendía sus brazos hacia el cielo y seguía con la mirada las nerviosas trayectorias de los gorriones, picando migas en la acera, posados en el borde de una verja, surcando el azul del cielo de invierno. Contaba seis años cuando alguien especial puso en sus manos un viejo tomo en un idioma extranjero, plagado de grabados con toda suerte de pájaros: exuberantes a veces, diminutos en otras ocasiones, coloridos o sencillos como el ocre, siempre hermosos, dotados de ese extraño encanto que mana de los misterios cotidianos. No tardó en memorizar cada forma, cada perfil, cada pluma, cada pico. Admiraba la facilidad con que casi todas las aves podían alzarse en el aire en menos de un segundo. La mágica fuerza que fluía con cada batir de sus alas. Su libertad. Nunca soportó ver a aquellas criaturas enjauladas, condenadas por captores incapaces de apreciar su perfecta existencia. Liberar furtivamente a aquel jilguero de la tienda fue durante mucho tiempo su más heroica y secreta hazaña.

Los años pasaron. Cruzó la adolescencia, sorteó la juventud y arribó exhausto a la edad adulta. El camino a la madurez había traído consigo dilemas, desilusiones, disgustos y decepciones, muchos golpes y muy pocos resplandores. Atado a la tierra, pegado al asfalto, casi cosido a su traje gris, repetía diariamente el mismo tormento. Amanecer, trabajar, anochecer. En el mejor de los casos, dormir, aunque últimamente ni siquiera eso lograba. Sepultado en vida entre las torres de hormigón y ladrillo, apartado y entregado a los silencios, tan solo se libraba de la melancolía cuando por casualidad descubría, de vuelta a casa, a un pequeño verderón escondido entre las ramas quebradizas de un árbol otoñal, o divisaba, a través del cristal de su maldito despacho, la estela fugaz de un azor cruzando audazmente la lejanía. En la soledad de su apartamento, pasada la medianoche, justo antes de deslizar su delgado cuerpo entre las sábanas, solía hojear las páginas de aquel hermoso tesoro de su niñez. Falco peregrinus, Egretta garzetta, Merops apiaster, Streptopelia decaocto, Alcedo atthis, Hirundo rustica...repetía suavemente los nombres de aquellas criaturas, como un conjuro, tal vez un mantra, una oración.

Una noche, exhausto y desganado, cayó medio desmayado en su cama. Fue entonces cuando vinieron en su busca. De la nada, como traídas de algún paraíso perdido, emergieron cientos de aves, que en un instante invadieron la estancia. El batir de miles de alas no le asustó, más bien acarició sus oídos. Sin comprender muy bien el cómo ni el por qué, decidió permanecer quieto y confiar. Los pájaros, rojos, verdes y amarillos, anaranjados, pardos o granates, moteados o bañados en un azul intenso, comenzaron a volar describiendo círculos en torno a sí. Algunos posaron sus finas garras sobre su piel. Poco a poco, notó cómo su espalda y piernas se despegaban del colchón. Creyó descifrar su propio nombre entre los silbidos y gorjeos. Mientras las aves, ejecutando una danza perfectamente planificada, elevaban su leve y alargado cuerpo hacia el infinito, él, tan confundido como cómplice, cerró los ojos. La ventana se abrió. El remolino abandonó el cuarto llevándose consigo el cuerpo. Hicieron falta pocos segundos para esfumarse en el cielo nocturno.

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lunes, 16 de marzo de 2015

Battiato Sublime


 este sábado 14 de marzo es desde ya un día que quedará grabado en mi memoria, franco battiato actuaba en el auditorio príncipe felipe de oviedo, a escasos metros de mi casa presentando su último disco, joe patti's experimental group de 2014, ya nos fue avisando que tuvieramos paciencia, que empezaría con 30 minutos de ese disco y después pasaría a temas más conocidos, fue la introducción perfecta, poco a poco, hipnotizándonos, como si de un flautista de hamelin se tratara, a veces épico, a veces íntimo, siempre elegante y poético, combinando el italiano con el español, el inglés y el alemán sonando totalmente creible y sincero como nunca había visto.
con la cura, una de sus canciones emblema y acompañado sólo del piano, a mi ya me tenía en su puño y fue imposible evitar unas lágrimas, aprovechó entonces para tocar más himnos como prospettiva nevski, nómadas o la canzone dell' amore perduto, resultando toda esa parte de enorme belleza y después sin darnos cuenta fue subiendo de revoluciones con la ayuda de una tablet con percusiones que le daban a todo mucha fuerza y energía terminando si no recuerdo mal con la estación de los amores, coreada por todo el público. se despidió hasta en dos ocasiones pero tras una gran ovación regresó diciendo, vamos a matar la noche y tocó voglio vederti danzare tranportándonos a una discoteca italiana del siglo XXI mientras él bailaba haciéndonos reir y para finalizar un instumental que bien podría haber sonado en el lev de gijón.
dos horas de pura magia con las que superamos las corrientes gravitacionales y consiguimos viajar por el tiempo y el espacio para curarnos. en una escala del 1/10 le doy un 14. Sublime, mítico, perfecto.